Un cuerpo que pide pausa

Llevo unos días con el cuerpo pidiendo pausa. No es dolor, es otra cosa: un mensaje suave que llega como llega la niebla, sin golpear, instalándose.

Ayer, a media tarde, me tumbé un rato sin pantallas, sin música, sin nada. Solo yo y mi respiración, que se fue haciendo lenta como quien baja una cuesta.

Me cuesta parar. Lo reconozco. Siempre hay algo pendiente, un mensaje que responder, una tarea que parece urgente. Pero el cuerpo no entiende de urgencias.

Hoy he recibido a una persona que venía agotada de tanto correr. Le propuse lo mismo que me propongo a mí: ir más despacio, sentir el suelo, dejar que los hombros bajen.

No siempre hace falta hacer más. A veces cuidar es no hacer, es quedarse quieta al lado de lo que duele.

Esta noche me acostaré temprano. Mi cuerpo me lo ha pedido con claridad, y por una vez quiero escucharle a la primera.

"Tu energía es tu medicina. Cuídala, ámala y alíneate con tu verdad interior." "Acepto que el ego y el amor forman parte de mi vida." "Cuando sano en mí, el vínculo se transforma." "No necesitas cambiar tu sensibilidad, necesitas un entorno que te comprenda."