Sin música. Sin podcast. Sin nada que hacer. Solo el sonido de la tarde entrando por la ventana.
Al principio fue incómodo. La mente buscaba algo que hacer, algún estímulo que la entretuviera. Pero poco a poco, el silencio dejó de ser vacío para convertirse en espacio.
Y en ese espacio, sin buscarlo, apareció una sensación que no sabía que necesitaba: paz.
