Hay una palabra en japonés que me acompaña estos días: wabi-sabi. La belleza de lo imperfecto, de lo incompleto, de lo que está vivo y por tanto cambia.
En consulta, muchas personas llegan con la sensación de que deberían estar haciendo más. Esforzándose más. Curándose más rápido. Y hay una ternura profunda en recordarles que el cuerpo y el alma tienen su propio ritmo, y que ese ritmo no se negocia.
Hoy no hice nada productivo. Leí, caminé, miré las nubes. Y fue el día más fértil de la semana.
