El día que se acorta

Noto que el día se acorta. A las ocho y media ya casi no queda luz, y la casa pide otra vez la lámpara encendida, la manta en el sofá, el silencio que llega temprano.

No me da tristeza, más bien me invita a recogerme. En verano uno se derrama hacia fuera; en otoño, en cambio, se vuelve hacia dentro.

Hoy he terminado el día con una sesión tranquila, de esas en las que casi no hacen falta palabras. Al despedirnos, la calle estaba ya a oscuras y las farolas dibujaban círculos de luz en el suelo mojado.

Pienso en las horas de luz que se van. No se pierden, se transforman: se vuelven lumbre, vela, conversación baja.

Quizá el otoño no nos quita nada. Solo cambia la luz de sitio, y con ella el ritmo de los días.

Esta noche enciendo una vela antes de cenar. Un gesto pequeño, para acompañar la oscuridad que llega sin que nadie la llame.

"Tu energía es tu medicina. Cuídala, ámala y alíneate con tu verdad interior." "Acepto que el ego y el amor forman parte de mi vida." "Cuando sano en mí, el vínculo se transforma." "No necesitas cambiar tu sensibilidad, necesitas un entorno que te comprenda."