Caminar despacio

Llevo toda la vida caminando rápido. Como la mayoría de la gente de la ciudad: con prisa, con el teléfono en la mano, con la cabeza en otra parte.

Hace un par de semanas probé algo distinto. Salí a andar sin destino y sin música, y me obligué a ir despacio. No a un paso contemplativo impostado, sino a un ritmo natural, el que el cuerpo pide cuando nadie lo está apurando.

Fue difícil al principio. Había una vocecita que me decía que estaba perdiendo el tiempo, que podía ir más rápido, que aquello no servía para nada.

Pero al tercer día, empecé a ver cosas que no había visto en años. La manera en que la luz atraviesa los árboles a última hora de la tarde. El olor del campo después del rocío. Un perro que me miró como diciendo: por fin alguien va a mi ritmo.

Caminar despacio es una forma de decirle al cuerpo: estás aquí, no estás de paso. Es una meditación sin esterilla, una terapia sin cita previa.

No he dejado de tener prisa del todo. Pero ahora sé que la lentitud existe, que es mía si la elijo, y que el mundo no se acaba porque yo reduzca el paso.

☽ "Tu energía es tu medicina. Cuídala, ámala y alíneate con tu verdad interior." ✿ "Acepto que el ego y el amor forman parte de mi vida." ❀ "Cuando sano en mí, el vínculo se transforma." 🌙 "No necesitas cambiar tu sensibilidad, necesitas un entorno que te comprenda."