Esta semana hay luna nueva, y aunque no soy de hacer grandes rituales, me gusta aprovechar estos momentos para mirar hacia dentro.
La luna nueva es el tiempo del inicio. Todo empieza en la oscuridad: las semillas, los sueños, las intenciones. No hay nada que mostrar todavía, pero hay mucho ocurriendo debajo de la superficie.
Me he sentado con un cuaderno y me he preguntado: ¿qué quiero sembrar en este ciclo?
No me refiero a metas grandiosas. Más bien a cosas pequeñas y verdaderas. Un hábito de cuidado conmigo misma. Menos tiempo frente a la pantalla y más frente a la ventana. Decir que no con más claridad. Llamar más a mi madre.
La luna nueva no pide que lo hagamos todo ya. Solo pide que nombremos la intención, que la pongamos en algún sitio donde pueda empezar a crecer.
Me gusta pensar que la oscuridad de la luna nueva no es un vacío. Es un útero. Un lugar donde las cosas se gestan antes de nacer.
Hoy he sembrado mis intenciones en el cuaderno. Mañana, cuando amanezca, me acordaré de regarlas con pequeños gestos.
