A veces creemos que necesitamos ir muy lejos para encontrar lo que buscamos. Pero el bosque —el verdadero— no está en otro lugar. Está en la respiración que hacemos cuando dejamos de apretar los hombros. En la pausa entre un pensamiento y otro.
Hoy, después de la sesión con M., me quedé un rato en silencio antes de escribir las notas. El sol entraba oblicuo por la ventana, justo sobre las flores secas que tengo en la mesa. Y pensé: esto es la terapia. No arreglar lo roto. Sino recordar lo intacto.
Que tengas un día de pausas verdaderas.
