El calor y la paciencia

Lleva días un calor espeso, de esos que no se ven pero pesan. Persianas bajadas, casa en penumbra, el ventilador girando como un animal paciente.

Me cuesta el calor. Me pone lenta, me quita las ganas de hacer y me obliga a quedarme quieta, justo lo que más me resisto.

He aprendido, a base de veranos, que el calor no se combate: se acompaña. Se abre una ventana al amanecer, se bebe agua despacio, se come poco y temprano.

He pasado la tarde leyendo a ratos, dormitando a ratos, dejando que el cuerpo hiciera lo que pedía. Nada urgente, nada importante.

Hay una paciencia que solo se aprende en los días de calor, cuando el tiempo avanza despacio, como si el verano enseñara a no empujar.

Al atardecer ha corrido aire por el pasillo, y he salido al balcón a mirar la ciudad despertarse con las luces encendiéndose.

Me gusta el momento en que el calor se rinde y deja paso a la noche fresca. Siempre llega. Solo hay que esperarlo.

"Tu energía es tu medicina. Cuídala, ámala y alíneate con tu verdad interior." "Acepto que el ego y el amor forman parte de mi vida." "Cuando sano en mí, el vínculo se transforma." "No necesitas cambiar tu sensibilidad, necesitas un entorno que te comprenda."