No es pereza. No es falta de voluntad. El agotamiento emocional real no se cura con un fin de semana de descanso ni con una lista de tareas pendientes.
Es ese cansancio que llevas en los huesos, que no se va por más que duermas. Es la dificultad para tomar decisiones simples, la hipersensibilidad a todo, la sensación de que cualquier cosa pequeña te desborda.
Y lo más difícil: la culpa de no estar rindiendo al nivel que esperas de ti misma.
El agotamiento emocional no es un fallo personal. Es una señal del sistema nervioso diciéndote que has estado funcionando en modo supervivencia durante demasiado tiempo.
Y hay camino de vuelta. No es rápido, no es lineal, pero existe.
